viernes, 13 de marzo de 2009
miércoles, 11 de marzo de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
Día de furia
Sólo puedo decir que el tiempo pasa demasiado rápido, que la memoria es frágil y que incluso a veces olvidamos a propósito puedo decir que murió mi perro que él encontró a otra y que yo quise irme al cielo (cuando niña) tuve otro perro y también murió, lo compraron para consolarme por el primer perro muerto, pobre niña con mala suerte, de todas formas ahora sirve para mi propia burla y para hacer una oración interminable yo he conocido a más gente de la que me hubiese gustado, también tengo una lista de nombres, al igual que Alfredo (quien dice que yo soy de las más lindas y venenosas) sólo que yo no juego -tanto- y creo ser un poco más responsable, al menos nadie sale herido porque ninguno de esos nombres pasa sus ojos por mis letras al menos nadie sale odireh al menos nadie elas odireh al menos eidan elas odireh al sonem eidan ales odireh la sonem eidan ales odireh
odireh elas eidan sonem la
herido sale nadie menos al
y caminamos avanzamos hacia la curvatura para volver al mismo lugar desde donde partimos, quizás un poco más al sur que donde partimos, ojalá más al sur
vamos a caminar por quizás cuantos lugares con nuestras cabezas rapadas sin que le importemos a nadie, al menos a varios -cientos, miles- kilómetros a la redonda, al final del viaje creo que estaremos más flacos y cansados, las ganas de volver se convertirán en necesidaes fisiológicas, tendremos hambre y necesitaremos de mucha lluvia y tardes frente a la chimenea, de caminatas mojadas y piqueros en aguas congeladas, todo para tener historias que contrar, tal vez historias que escribir (en realidad sólo para comprobar lo felices que somos en este lugar).
martes, 3 de febrero de 2009
Obvio que alguna vez nos revelaríamos contra el deber ante todo, el deber siempre. El Deber está directamente relacionado con las Expectativas de los Otros. Oh, Dios Deber, júzgame detrás de tu escritorio, lee la lista de mis pecados y condéname por burlarme de los enfermos mentales.
Era obvio, tan obvio. Porque no puede ser que estemos aquí para no poder ser.
Siendo.
viernes, 23 de enero de 2009
Londres 38

Ayer, caminando por el centro de esta -ahora- calurosa ciudad, decidimos tomar el camino por París. En Londres nos encontramos con un tumulto de gente. Sí, en Londres 38, sin que ninguno de nosotros supiera nada, hubo una casa de tortura durante la dictadura militar (digámoslo con todas sus letras, d-i-c-t-a-d-u-r-a). Han pasado más de treinta años desde el golpe, y a nosotros, a los que no nos tocó tan de cerca como para arrebatarnos a algún amigo o familiar, parece habérsenos olvidado que aún los cuerpos muchos de nuestros compatriotas no aparecen, quizás lo máximo que nos ocurre es que lo recordamos con regularidad, pero el hecho ya no está presente a cada paso. Sin embargo ayer, antes de partir al centro, sacudiendo el polvo de mis libros, encontré una revista Apsi con un especial fotográfico de Salvador Allende, mi hermano comentó que a su polola le gustaría tenerla, yo dije que es una reliquia, que tuviera cuidado con ella, que no se te vaya a caer café encima. Pero es reliquia porque es pasado, porque trae a la mente algo que ya no puede verse ni palparse. Para mi no puede ni siquiera olerse, pero qué pasa con esos familiares que han hecho de su vida buscar a sus parientes y amigos, hermanos, abuelos, qué pasas con ellos. ¿quién les responde, al menos y en última instancia, por el cuerpo de sus familiares? ¿quién les devuelve los años de frustración, de negación y de marginalidad?
De todas formas la conclusión es obvia, mientras no se haga justicia, mientras los asesinos sigan muriendo en libertad, cayendo enfermos en el propio hospital de nuestro ejército, el que financiamos todos nosotros con nuestros impuestos, no habrá reconciliación. Nuestra comunidad imaginada seguirá partida en dos o más, quizás en cuantas partes.
Y a pesar de todo yo seguiré mirando desde fuera, con mucho respeto, sin atreverme a entrar, sin atreverme a mirarlos a la cara, mientras un tipo sonriente y estirado está a las puertas de la moneda, lo que seguramente significará un entierro definitivo del tema y una polarización aún mayor. Si, y yo sigo caminando, luchando con el calor insoportable, dejando que la rapidez de la vida me haga olvidar lo realmente importante. (Tenías razón, lo urgente le quita tiempo a lo importante).
sábado, 3 de enero de 2009
chhh
Tuit tuit gloc gloc gloc mi cabeza se parte en dos gluic chhh chhh. Nada. Chhh-chhh. Nada-nada. Chhh (ah... sigue ahí) Chhh-chhh. Amarillohilomoradorojoazul. Nada-silencio-nada.
Haah, sigo aquí... sigo sobre el río y la montaña, entre espinos, alacranes y estrellas. Agua maravillosa en tí encuentro a dios, en mis latidos, en el viento, en la vida de tus insectos y de tus piedras. Sara denuevo, todos somos polvo, polvo milenario, hidrógeno, potasio, oxígeno. Por qué me parece tan lejana la roca y la perfecta escalera, tan ajena, tan distante. Por qué me pareció tan extraño alguna vez creer que entre el fuego y mis ojos hay algo en común para que puedan comunicarse, el trayecto del fuego hacia mis ojos no está delimitado por el aire, no, no. Está conectado. Apoyo la cabeza sobre mi hombro, oigo los latidos de mi corazón, el viento y el caudal del río al mismo tiempo, todo es uno, mi pie rozando el agua, y cierro los ojos, respiro, voy transformando-me, voy haciéndome agua y viento, calor, me desintegro en ti, naturaleza.
Y descubro que mis miedos se fundamentan en lo menos animal del ser humano, en su ir en contra del orden, en creer justamente que el orden es creación nuestra, posterior a todo lo habido, invención jodida del puto homo, salvamos al universo de su desorden y caos natural... suelo perfecto, calles perfectas, lineas amarillas en los escalones para no tropezar. Todo está tan ordenado, tan tapado, todo crece en contra del devenir natural. Tinturas, cremas, juventud, tetas de plástico. ¡Alergia al polvo, al polen, al pasto! alergia a los propios elementos... creo que algo anda mal, algo anda muy mal, porque tenemos la fuerza y las herramientas, pero nos olvidamos del centro, de la tradición apegada a la tierra, la salvaje, la ancestral.
Enterramos al aborigen, despachamos a las minorías étnicas, las educamos, volvemos a tirarles tierra en los ojos cada vez que hablamos de desarrollo, caminamos hacia él como hipnotizados. Y nuestras vidas se transforman en rutinas, en caminar 83 pasos hasta el metro, bajamos 16 escalones, pasamos la tarjetita, y todos los días es igual. Este caminar cansado nos aliena, nos encorbamos hacia adelante y vuelta a la perdida del centro.
¿Acaso es sólo nostalgia lo que llevamos en el color de los ojos?
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